La escena bíblica de hoy es una de las más extraordinarias de todo el año. Comienza con la llegada de Jesús a la ciudad de Jericó, y luego sigue mediante Saqueo, hombre de gran riqueza personal. Tanto entonces como ahora, el encuentro será rápido debido al dinero, y presente sólo en las manos de un jugador.
En este relato nace ya una relación inmediata entre dos de los personajes. El mencionado Saqueo, que quiere acercarse a Jesús, de quien había oído hablar muy bien, y Jesús mismo, que actúa con Saqueo mediante la bendición y la salvación.
El desarrollo de ambos movimientos es interesante: Jesús quería ayudar a Saqueo, y Saqueo quería conocer a Jesús. Esto muestra que el encuentro humano puede suceder en cualquier tiempo y lugar. El ser humano se da cuenta de que necesita mejorar mucho en sí para sanar su vida. Y el ser divino, que quiere y puede sanar todos los males del mundo.
Pero el camino por el mundo no está siempre florido. De una u otra manera, nos encontramos frecuentemente con el mal. No es solamente porque a veces nos descuidamos. Es mucho peor: hay fuerzas en el mundo que viven buscando el mal, porque quieren luchar contra Dios y vencerlo. No sólo los que no conocen a Dios, sino también los que quieren vencer la fuerza de Dios. Ellos son las fuerzas del mal.
Es terrible encontrarse con el mal. Uno pensaría que eso sólo sucede cuando la lucha es muy fuerte y difícil de vencer. Pero también se manifiesta cuando uno no siente su presencia. En las primeras páginas de la Biblia ya aparece el mal. Dios lo dice claramente en el comienzo mismo del Génesis: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque entonces sí morirás sin remedio”. (Génesis 2:17).