La página presentada por los evangelios muestra a Jesús en Jerusalén, no en una de sus visitas a la Tierra Santa, sino en la presencia final que lo llevará a la muerte en cruz y a la resurrección. Es decir, a realizar la labor que el Padre decretó a su Hijo, para terminar con el Espíritu Santo la salvación universal.
Los cristianos y cristianas que cada año viven la muerte de Jesús en la oración solemne de la Semana Santa saben que la acción del Hijo de Dios fue, para todos los varones y mujeres que decidieron vivir según la voluntad divina, el sagrado tiempo interior de la fe. Así Jesús ingresa a todos los corazones renovados por la fe.
¿Son muchos los bolivianos y bolivianas que viven las fechas de vida y luz que se acercan? No lo sabemos, porque eso depende de cada uno de los cristianos y cristianas que lo logran. La entrega de la fe es propia en todos los que ejercen la libertad de vivir su propia fe.
En la actualidad hay grupos que pretenden matar la fe cristiana. Esto existió desde que el Señor Jesús caminó por este mundo y fue el primero en recibir la terrible muerte de ser colgado en una cruz. Pero, precisamente porque no se negó a una terrible muerte, su fuerza y su fe fueron el comienzo de la salvación de toda la humanidad.
Los evangelios nos dicen que Jesús fue colgado en la cruz y quedó así hasta que su vida terminó con inmenso dolor. Muchas mujeres y varones, desde entonces, fueron horriblemente destrozados por las fuerzas diabólicas que los cuelgan de mil maneras en la cruz de Jesús. Las muertes sagradas han llenado así al planeta. ¿Quiénes más serán clavados con Jesús?