Reflexión Dominical / Oscar Uzín, OP

noviembre 26, 2010

Año Nuevo Litúrgico 2011 — Reflexión N° 963 — 28 Noviembre 2010

Archivado en: Uncategorized — Oscar Uzin @ 8:22 pm

Cada Año Nuevo Litúrgico es generosamente esperado por varones y mujeres que, al venir el día especial, desean que sea perfecto. Es el que se recibe al comienzo del gran día esperado por todos: la Navidad. Todos conocemos el refrán: “Año Nuevo, Vida Nueva, Nuevo Amor”. Se promete mucho, aunque no se sabe todavía lo que sucederá en ese día, a medida que se acerca la noche especial, esperada por muchos.

Muchos varones y mujeres se esfuerzan por tener buenas esperanzas, que son el comienzo sencillo de la felicidad. Las muchas decisiones, incluso las que se esfuerzan hasta llegar a la búsqueda de la casa propia, que se conoce desde hace mucho tiempo, son la llegada y la partida. Las dos pruebas de la entrega del que ha busca una vida buena. También desean lo que ya indicaron en el programa: que los amigos presentes se unan a la búsqueda de lo mejor.

La capacidad que nuestra raza ha logrado en su estudio del mundo que nos rodea, permite que la raza humana, por muy pequeña que sea todavía y sin posibilidad actual de vivir en la Luna (los sabios se están esforzando para lograrlo pronto en forma completa), es que la imagen celestial que amamos sirva también para, algún día, visitar otros mundos.

Esto significa, por supuesto, que es necesario que la humanidad se decida por completo. Mientras las diversas fracciones del mundo en que vivimos sean una tontería absoluta, nada será posible para avanzar en la conquista del espacio de ambos ídolos: la Tierra y la Luna. Pero, como siempre, los seres humanos somos muy raros al luchar unos contra otros.

Por otra parte, vemos el esfuerzo de algunas naciones para agrandar la posibilidad de buenos encuentros entre unos y otros. ¿Quienes son ellos? En la simple mirada, los otros seres humanos que caminan por los mismos lugares que nosotros. Excepto que nadie iría a molestar a los del otro lado, sino simplemente iría a conocer a los diversos “yo” y “tú”.

Parece sencillo, pero no lo es. Lo podemos ver en cualquier lugar de la calle, especialmente en los lugares con dos personas que “se creen”. ¿Por qué no saludar? Aunque no se conozca al desconocido, siempre es posible decir “permiso”, “gracias”, “hasta luego”. Varias personas nos dirán que somos atrevidos (tal vez). Pero no todas.

Fuera de nuestra Tierra, sólo tenemos nuestro Cielo y nuestra Luna. Pero

esos dos tesoros son suficiente para todos nosotros. Respetemos y vivamos

felices con lo que tenemos. Lo tendremos una sola vez.

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