La presentación de los tres elementos de la Vida Divina que Dios otorga a los que se entregan totalmente a Él y se muestra en su gracia invisible pero real. Dios fortalece a todos los seres, varones y mujeres, al comienzo de las oraciones procedentes de la fe. Las iglesias cristianas nos muestran que si la fe faltara en la oración, el Espíritu que está dentro de nosotros nos movería por la Fe.
¿Qué es la Fe cristiana que respetamos y saludamos en cada uno de nuestros días? Es la seguridad de que hemos recibido la presencia invisible de Dios en nuestro ser. ¿Se presenta Dios a los seres humanos que lo buscan? Sí, pero en la sencilla presencia del silencio y la oración.
¿No vemos a Dios en la tierra? En parte sí lo vemos, cada vez que lo buscamos en la oración silenciosa interior. Pero no lo vemos con los ojos sino en el corazón. Dios no vive en los términos de nuestras seguridades completas, sino en el silencio absoluto de su invisibilidad.
La Biblia nos dice que las mujeres que seguían a Jesús antes de su muerte lo contemplaron en silencio absoluto después de su muerte. ¿Dónde lo vieron? Cada una de ellas, en primer lugar, en su corazón, en que creían sin falla en la promesa de la resurrección.
Cada persona cristiana ve al Señor Jesús cualquier día, si está llena de fe. “Una sola cosa pido al Señor: vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de su
Dulzura y contemplar su Templo”. Los creyentes de hoy saben con fe que Jesús está con cada uno de ellos.
“Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y sanando todas las enfermedades. Iba proclamando la Buena Nueva del Reino, mediante oración y servicio.”