Reflexión Dominical / Oscar Uzín, OP

septiembre 21, 2010

El alimento familiar — Reflexión Dominical N° 953 — 19 septiembre 2010

Archivado en: Compromiso cristiano — Oscar Uzin @ 11:34 am

Uno de los elementos sorprendentes en nuestra patria Bolivia, en estas fechas principales de septiembre, es la noticia de que, en general, la situación de la población, que trabaja generosamente por su propio mantenimiento, es relativamente aceptable. No se trata de una situación extraordinaria, pero se puede decir que un buen porcentaje de la situación económica actual es un poco más elevada que en años pasados. Todavía es necesario que Bolivia siga esforzándose por alimentar mejor a sus hijos e hijas, pero lo debe hacer con la esperanza de una situación mejor para todos, especialmente para los menores.

Esta buena noticia no significa que todos podemos descansar tranquilos. Lo que tenemos que hacer es lograr que esa mejoría continúe creciendo, y esto significa que los que tienen lo necesario para vivir deben seguir esforzándose. Y, de nuevo, debemos concentrarnos en la niñez y la juventud de la patria. Los que ya somos mayores debemos pensar más claramente en los menores. Varios estudios indican que el alimento para los niños podría y debería ser mejor, especialmente en las regiones elevadas del altiplano y otros lugares que son relativamente difíciles de visitar, y que tienen poblaciones más necesitadas.

La elevada realidad de una gran parte de nuestra patria hace que el elemento esencial de la comida no sea capaz, en varios lugares, de ofrecer buena comida a los pobres. Además, hay diversas regiones en las que la “alimentación” es definida por los padres, y a veces también las madres, primariamente en términos de bebidas alcohólicas. Los mayores, por supuesto, tienen el derecho de usar su propio dinero de acuerdo a su voluntad. Pero no deben olvidar las necesidades de los hijos e hijas en su vida actual.

En unos países más que en otros el alimento familiar no es tan limpio y completo como debería ser. No sólo por el precio de la buena comida, que normalmente es mayor, sino también por la costumbre que algunos tenemos de buscar lo agradable antes que buscar lo sano. Así, las familias con buenos padres y madres trataran de ofrecer algo realmente sano a todos sus familiares. Eso sería lo mejor para una familia bien formada.

junio 4, 2010

Dar de comer al hambriento — 6 junio 2010 –Reflexión nº 938

Archivado en: Compromiso cristiano,Evangelio,Uncategorized — Oscar Uzin @ 2:26 pm

La lectura de hoy (Lucas 9:11-17) presenta a los doce discípulos que seguían a Jesús tratando de resolver un problema: rodeados por la multitud que se reunió para escuchar las enseñanzas, se dan cuenta de que no tenían alimento para ofrecerlo a la multitud. Avisaron a Jesús, quien les dijo: “Denles ustedes de comer”. Ellos dijeron: “Sólo tenemos cinco panes y dos peces. ¡Aquí hay cinco mil personas!”. Jesús respondió: “Hagan sentar a toda la gente que está aquí”. Y luego, Jesús mismo les dio pan para todos.

Por supuesto, los discípulos no pudieron hacer después lo mismo que hizo Jesús: abrir las manos y llenar las canastas con el pan que aparece frente a ellos. ¿De qué sirve entonces esta historia del pueblo al que Jesús dio pan en el desierto? Claramente que no es para tratar de hacer milagros, lo que sería una falta inútil de tiempo. Porque hay que ir a comprar el pan.

La forma más sencilla de tener pan para darlo a los hambrientos es comprarlo en una panadería. ¿Cómo se debe actuar? Sacando el dinero del bolsillo, entregándolo al dueño de la tienda y finalmente repartiendo todo lo comprado a los hambrientos. Eso deber ser bien hecho. No tirar el pan a los pies del pobre, sino entregarlo respetuosamente a la persona necesitada.

Y eso es lo bueno: dar pan, o dar dinero, que es más elegante, a la persona necesitada. Es una de las mejores acciones del mundo, si se la realiza bien. Uno debe estar consciente, en primer lugar, de que Dios es testigo de lo que está sucediendo. Dar algo a un necesitado es una acción divina, en el sentido de que Dios la ve, Dios la acepta, y Dios la bendice. Pero hay que hacerlo bien. No se debe tirar el regalo al suelo, especialmente si es dinero para un necesitado, porque es un momento sagrado.

Aquí aparece una dificultad. Por alguna razón, mucha gente no recuerda si tiene o no tiene dinero en el bolsillo. También hay muchos que lo saben muy bien, declarando inmediatamente: “¡No tengo nada!”, aunque nadie esté a su lado. Hay otros que no están muy seguros, pero están tan apresurados, que sólo piensan que deben llegar a la esquina lo más pronto posible. Y también hay alguno que toca con cuidado su bolsillo buscando cuidadosamente lo más pequeño, para no equivocarse.

Hay tantos pordioseros en todas las calles de todos los pueblos de todas las naciones, que hay que caminar con cuidado para no pisarlos en las esquinas. Es una buena acción. Pero hay una forma sencilla y fácil de dar algo a los pobres de la calle, en tres movimientos. Primero: tener en el bolsillo más fácil el dinero correspondiente al día de hoy. Segundo: dar esa limosna tan pronto como llegue la oportunidad, y luego olvidarse del asunto. Tercero: no mencionarlo a nadie.

mayo 15, 2010

Ascensión del Señor al Cielo — 14 mayo 2010 — Reflexión 935

Archivado en: Compromiso cristiano,Evangelio,Fe cristiana — Oscar Uzin @ 4:38 pm

Lucas 24,46:53

La iglesia católica se acerca del final de los elementos que aparecieron en los domingos anteriores, presentando el cumplimiento de la salvación de la humanidad por las acciones de Jesús en los últimos días de su vida en la Tierra , hace más de los dos mil años que nos separan de su vida en este planeta.

En las semanas anteriores la iglesia presentó diversos pasajes de la historia de Jesús en nuestro mundo, especialmente al acercarse al final de su presencia en la Tierra : su último viaje a Jerusalén, sus días finales con los discípulos en la Ciudad Santa de Jerusalén, especialmente la despedida del Señor en la noche de Pascua en el Cenáculo y los diversos elementos de su arresto, para luego entregar su vida en la Cruz. Fue lo que las iglesias llaman la “Pasión” del Señor.

La sagrada escritura indica que, en la última noche, Jesús dijo a sus discípulos: “Está escrito que el Mesías morirá, pero después resucitará de entre los muertos, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes serán testigos de todo esto”. Luego los llevó a Betania, los bendijo y se separó de ellos, subiendo al Cielo” (Lucas 24:50).

Esta es la enseñanza básica del cristianismo, el acto de fe suprema: saber y creer que Jesús está con Dios Padre y el Espíritu Santo, sosteniendo la existencia de nuestro planeta y guiando la historia de la humanidad hacia la perfecta unión con la Divinidad. Esta esperanza es el mayor acto de fe del cristianismo, aunque su realidad absoluta está ofrecida a la humanidad entera.

No es fácil aceptar este elemento básico de nuestra fe, por varias razones. Es un llamado a la fe personal que difunde el cristianismo donde su enseñanza es escuchada y recibida. Esto depende ya de todos los seres humanos que tienen la posibilidad de escuchar la declaración del mensaje. Se supone que los cristianos forman la tercera parte de la humanidad. Pero es seguro que Dios tiene su forma propia de presentar esa enseñanza al resto de la humanidad.

¿Y los que declaran que no creen en Dios? ¿Podrán también llegar al Creador? En este tiempo, muchas personas dicen que no creen en la enseñanza de Jesús. Ante esa decisión personal hay que dejarlos tranquilos, para encontrar algún otro camino que vaya a lo que los cristianos llamamos “la salvación”. Si Dios es en verdad el Creador de nuestra humanidad y del universo entero, ya ha sabrá como actuar con los muchos seres humanos que dirigen sus vidas por otros caminos.

noviembre 19, 2009

Rey del Universo– 22 noviembre 2009 — Reflexión 909

Archivado en: Compromiso cristiano,Fe cristiana,Uncategorized — Oscar Uzin @ 2:29 pm

Oscar Uzín OP

El título de esta celebración final del año 2009 es bien conocido en la serie anual que honra a Jesús de Nazaret. Desde los primeros años posteriores a su vida, cristianos y cristianas honraron al Hijo de Dios que murió clavado en una cruz en Jerusalén. Fue por esa muerte que los apóstoles y las mujeres que lo habían seguido dedicaron sus vidas al Resucitado, para realizar con Él la salvación de la humanidad.

Más de veinte siglos han transcurrido desde entonces en la historia humana y ahora, para una buena porción del mundo, Jesús es el varón más importante del planeta. Para nosotros los creyentes, es el Señor que nos une con la Divinidad que llamamos “Padre” y honramos como Creador del Universo. Además, Jesús es recibido por muchos seres humanos como el líder que guía para conocer y obedecer a Dios.

El cristianismo, en los dos milenios de su existencia, ha logrado poner la imagen de Jesús a lo largo y ancho del planeta Tierra. Actualmente se calcula que un tercio de la humanidad venera al Hijo de la Virgen María. Es imposible comprobar esa cantidad con exactitud. Pero es posible que otra religión, el Judaísmo, sea semejante al Cristianismo en cantidad. De todos modos, hay mucha semejanza entre las dos religiones, que son como dos cultos gemelos al mismo Dios Creador.

La realidad de esa semejanza, sin embargo, debería ser trabajada profundamente por las dos religiones. Todavía no se ha logrado la deseable unión de ellas en la historia humana. Aunque ellas se respetan mutuamente, son todavía dos realidades separadas, como hermanas que se reconocen y se saludan, pero todavía no se aman.

Frente a ellas está la tercera religión contemporánea, nacida después del Judaísmo y el Cristianismo. Ella es el sagrado Islam. Ninguna de las tres religiones odia a las otras, pero en la actualidad presente ellas todavía no se aman. Parece que pueden tolerarse mutuamente, pero quizá se trata tan solo de un deseo de conocimiento entre las tres.

De todos modos, no hay que perder la esperanza. Hay un solo Dios, y esa realidad infinita está presente en cada acción destinada a buscar la fraternidad entre todos los seres humanos. Hay tres fuentes para la búsqueda sagrada del Creador, para quien la inmensidad del universo es su trono. Hay que seguir buscando la grandeza del universo, del que los seres humanos, todos nosotros, vivimos un solo instante.

octubre 4, 2009

Razones Cristianas Nº 899 — 4 octubre 200

Archivado en: Compromiso cristiano,Evangelio — Oscar Uzin @ 9:12 pm

Las lecturas de hoy comienzan con escenas del Génesis, primer libro de la Biblia , acerca de la acción divina para la humanidad creada por Dios (2:18-24). El Creador comenzó su labor con el varón, diciendo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a darle compañía”. Lo hace dormir para preparar la creación de la mujer. La idea de Dios Creador es totalmente positiva: que varones y mujeres sean felices entre sí.

Cuando el varón contempla después a la mujer se entusiasma: “Ésta sí que es de mi propia carne y mis propios huesos. Se llamará mujer, porque Dios la creó para el varón”. La escena termina diciendo: “Por eso el varón deja a su padre y a su madre para unirse con su mujer; y los dos llegan a ser como una sola persona”. El relato es positivo por poco tiempo: en la página siguiente del Génesis aparece el pecado..

Pero el salmo 127, en la siguiente escena, es positivo del matrimonio humano: “Del trabajo de tus manos comerás, tus proyectos serán bendecidos. Tu mujer, como vid fecunda, estará en medio de tu hogar. Tus hijos, como brotes de olivo, estarán sentados a tu mesa”.

La segunda lectura es tomada de la Carta a los Hebreos, posterior a Jesús, que muestra la grandeza de la humanidad. “Convenía que Dios perfeccionara, mediante el sufrimiento, a su Hijo Jesús, el Jefe que llevará a los otros hijos a la salvación. Porque el que santifica y los que son santificados tienen el mismo origen. Por eso Jesús no se avergüenza de llamar, a todos, hermanos y hermanas” (2:9-11).

El evangelio del domingo, tomado de Marcos 10:2-16, es extenso. Presenta tres escenas. La primera es una fuerte discusión entre Jesús y un grupo de fariseos. Son teólogos que quieren avergonzarlo con preguntas sobre el divorcio. Jesús les dice: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”. Le refutan: “Moisés permitió el divorcio”. Jesús insiste: “Moisés lo permitió por la dureza de sus corazones. Pero Dios quiere el respeto por la unión que hace de ellos una sola carne”.

Finalmente, unas mujeres llevaron sus niños a Jesús para recibir su bendición. Pero los discípulos quisieron impedir la escena deseada por las madres. Jesús, molesto, dijo a los discípulos: “Dejen que los niños vengan a mí, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como los niños. En verdad les digo que quien no reciba el Reino como un niño, no entrará a él”. Y abrazó a los niños y niñas y los bendijo.

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