Reflexión Dominical / Oscar Uzín, OP

junio 4, 2010

Dar de comer al hambriento — 6 junio 2010 –Reflexión nº 938

Archivado en: Compromiso cristiano,Evangelio,Uncategorized — Oscar Uzin @ 2:26 pm

La lectura de hoy (Lucas 9:11-17) presenta a los doce discípulos que seguían a Jesús tratando de resolver un problema: rodeados por la multitud que se reunió para escuchar las enseñanzas, se dan cuenta de que no tenían alimento para ofrecerlo a la multitud. Avisaron a Jesús, quien les dijo: “Denles ustedes de comer”. Ellos dijeron: “Sólo tenemos cinco panes y dos peces. ¡Aquí hay cinco mil personas!”. Jesús respondió: “Hagan sentar a toda la gente que está aquí”. Y luego, Jesús mismo les dio pan para todos.

Por supuesto, los discípulos no pudieron hacer después lo mismo que hizo Jesús: abrir las manos y llenar las canastas con el pan que aparece frente a ellos. ¿De qué sirve entonces esta historia del pueblo al que Jesús dio pan en el desierto? Claramente que no es para tratar de hacer milagros, lo que sería una falta inútil de tiempo. Porque hay que ir a comprar el pan.

La forma más sencilla de tener pan para darlo a los hambrientos es comprarlo en una panadería. ¿Cómo se debe actuar? Sacando el dinero del bolsillo, entregándolo al dueño de la tienda y finalmente repartiendo todo lo comprado a los hambrientos. Eso deber ser bien hecho. No tirar el pan a los pies del pobre, sino entregarlo respetuosamente a la persona necesitada.

Y eso es lo bueno: dar pan, o dar dinero, que es más elegante, a la persona necesitada. Es una de las mejores acciones del mundo, si se la realiza bien. Uno debe estar consciente, en primer lugar, de que Dios es testigo de lo que está sucediendo. Dar algo a un necesitado es una acción divina, en el sentido de que Dios la ve, Dios la acepta, y Dios la bendice. Pero hay que hacerlo bien. No se debe tirar el regalo al suelo, especialmente si es dinero para un necesitado, porque es un momento sagrado.

Aquí aparece una dificultad. Por alguna razón, mucha gente no recuerda si tiene o no tiene dinero en el bolsillo. También hay muchos que lo saben muy bien, declarando inmediatamente: “¡No tengo nada!”, aunque nadie esté a su lado. Hay otros que no están muy seguros, pero están tan apresurados, que sólo piensan que deben llegar a la esquina lo más pronto posible. Y también hay alguno que toca con cuidado su bolsillo buscando cuidadosamente lo más pequeño, para no equivocarse.

Hay tantos pordioseros en todas las calles de todos los pueblos de todas las naciones, que hay que caminar con cuidado para no pisarlos en las esquinas. Es una buena acción. Pero hay una forma sencilla y fácil de dar algo a los pobres de la calle, en tres movimientos. Primero: tener en el bolsillo más fácil el dinero correspondiente al día de hoy. Segundo: dar esa limosna tan pronto como llegue la oportunidad, y luego olvidarse del asunto. Tercero: no mencionarlo a nadie.

mayo 29, 2010

La Santísima Trinidad – Domingo 30 Mayo 2010 — Reflexión nº 937

Archivado en: Evangelio,Fe cristiana — Oscar Uzin @ 1:06 pm

Terminadas las celebraciones de los meses anteriores mediante las fechas de la muerte y resurrección del Señor Jesús en los días pasados, todas las comunidades cristianas llegan a una de las festividades más importantes del año, que podría llamarse “la totalidad divina”, mediante la fiesta de la Santísima Trinidad. Es decir, la unión de Dios Padre con el Hijo y con el Espíritu Santo. Como muchos cristianos lo dicen: “Un solo Dios en Tres Personas”. Es la declaración del misterio principal del cristianismo.

¿De dónde proviene esa declaración? Al parecer, el proceso religioso fue relativamente lento, pero también muy sano. La primera declaración religiosa es monoteísta, es decir, de una sola realidad sagrada, lo que fue perfecto. La Biblia lo indica en su primera página, diciendo que, en el principio, la Divinidad Infinita “dio luz al cielo y a la tierra”. En la siguiente mención se usa el plural: “Hagamos al ser humano”, ya que es lo más sano y majestuoso de ese instante inicial de la creación universal.

El nombre “Santísima Trinidad” apareció con el cristianismo, pero la visión divina ofreció la adoración al Dios invisible desde el comienzo. Con ese Dios invisible fue presentado a toda la humanidad el Creador de una comunidad divina, que pronto fue realizada con los tres nombres “Padre”, “Hijo” y “Espíritu Santo”. Como dice el catecismo cristiano: “Un solo Dios en tres Personas”. Ellas actúan como una sola e infinita realidad.

El Padre es presentado como el “Creador” del mundo infinito, el Hijo como el “Salvador” de la humanidad, mediante la muerte y resurrección de Jesús-Cristo, y el Espíritu como el “Santificador” del universo entero. Las tres Personas son concebidas por la humanidad como tres realidades sagradas infinitas, que existen juntas porque son una sola realidad. Esta visión teológica es consciente de que Dios es incomprensible para todos.

El Padre y el Espíritu son divinos y absolutos como el Hijo, pero éste se presenta mucho más comprensible para los humanos, porque “asumió” la realidad humana en la persona de Jesús de Nazaret, según la versión del cristianismo. Y el cristianismo, aunque se presentó en la totalidad humana, no se elevó por encima del pasado y el futuro con toda su realidad.

Es importante que los cristianos vivan conscientes de que la divinidad absoluta de Dios no ha sido entregada por el Creador a la humanidad para que tal visión sea considerada como la “verdadera” realidad del universo. Los seres humanos deben saber que su conocimiento “divino” es real, pero no es total. Sólo el Dios Infinito conoce a Dios completamente. Y todos los seres humanos deben reconocer su total incapacidad para entenderlo todo.

mayo 21, 2010

Jesús Resucitado y sus discípulos — 23 mayo 2010 — Reflexion N° 936

Archivado en: Evangelio — Oscar Uzin @ 11:50 pm

Al anochecer del primer día los discípulos estaban en casa con las puertas cerradas por miedo a los contrarios. Jesús Resucitado apareció, se puso en medio de ellos y les dijo: “Paz para ustedes”. Luego les mostró sus manos y su costado. Al ver al Señor, los discípulos se llenaron de alegría. Jesús repitió su saludo: “Paz para ustedes. Como el Padre del Cielo me envió, así también yo los envío a ustedes”. Luego les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A quienes les perdonen sus pecados, les quedarán perdonados. A quienes se los retengan, les quedaran retenidos”.

Las iglesias añadieron después esta oración: “Te pedimos, Padre, que según la promesa de tu Hijo Jesucristo, el Espíritu Santo nos ayude a comprender la realidad misteriosa de este sacrificio. Que nos lleve al conocimiento total de la verdad”.

La esperanza de mutua entrega entre Jesús y los discípulos continúa en el Prefacio actual: “Para llevar a su plenitud el misterio pascual, hoy enviaste al Espíritu Santo para los que habías adoptado como hijos e hijas, por su participación con Jesucristo el Señor. Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de las comunidades cristianas. El Espíritu que llevó el conocimiento de Dios a todos los pueblos, y que congregó, en la confesión de una misma fe, a los seres humanos que el pecado había puesto en una gran diversidad de idiomas no comprendidos”.

Pero, como a veces se ha visto, la entrega mutua del varón y la mujer no llega a la entrega completa. Desde el comienzo hubo dificultad entre los dos. ¿Fue una acción del maligno, como muchos lo han pensado? ¿O fue una inevitable decisión, nacida en ambos lados con una humanidad que no cree en la mutua entrega? El dilema no ha sido resuelto todavía, pero es posible que esa dificultad venga de la incapacidad general de nuestra entrega mutua.

Algunos sabios piensan que hay una fuerza negativa en el Planeta Tierra, la que frecuentemente impide el acercamiento de los seres humanos entre sí. ¿Qué se puede decir? En primer lugar, que no hay posibilidad de comprobarlo, y por lo tanto se lo puede considerar sólo como algo posible. Hay gente que piensa que se lleva bien con muchas personas, y lo logra porque no está ni muy lejos ni muy cerca de ellas. Eso parece razonable. ¿Pero sería suficiente para hacer felices a todas las personas? Aunque sabemos que no se puede esperar la perfección.

Muchos piensan: “De lo bueno, poco”. Sin embargo, hay muchas personas que desean más, y dicen que tienen derecho a desearlo. Ellos necesitan mucha fuerza para seguir creyendo que el amor es algo bueno que Dios da a toda la humanidad. Otros dicen, en cambio, que no es necesario sentir amor para ser feliz. Pero es posible que los que piensan así lo hacen sólo porque quieren liberarse del sufrimiento. Todo ser humano debe tratar de encontrar el amor, la paz y la felicidad. La búsqueda del tesoro depende de la buena voluntad de la persona.

En realidad, una de las mayores dificultades en la vida diaria es vivir buscando el bien para los demás. Es fácil decir que uno quiere ayudarlos. Pero es distinto hacerlo en verdad. Generalmente se puede decir que la gente habla mucho de la ayuda al prójimo. Sin embargo, en la realidad de cada día se ve que la mayoría de las personas no se interesa por los demás. Cada uno vive buscando su propia realización, sin que le importen “los otros”. En parte, es posible que se deba a la falta de fe en la Divinidad. Pero eso sólo lo reconocemos en nuestro interior.

mayo 15, 2010

Ascensión del Señor al Cielo — 14 mayo 2010 — Reflexión 935

Archivado en: Compromiso cristiano,Evangelio,Fe cristiana — Oscar Uzin @ 4:38 pm

Lucas 24,46:53

La iglesia católica se acerca del final de los elementos que aparecieron en los domingos anteriores, presentando el cumplimiento de la salvación de la humanidad por las acciones de Jesús en los últimos días de su vida en la Tierra , hace más de los dos mil años que nos separan de su vida en este planeta.

En las semanas anteriores la iglesia presentó diversos pasajes de la historia de Jesús en nuestro mundo, especialmente al acercarse al final de su presencia en la Tierra : su último viaje a Jerusalén, sus días finales con los discípulos en la Ciudad Santa de Jerusalén, especialmente la despedida del Señor en la noche de Pascua en el Cenáculo y los diversos elementos de su arresto, para luego entregar su vida en la Cruz. Fue lo que las iglesias llaman la “Pasión” del Señor.

La sagrada escritura indica que, en la última noche, Jesús dijo a sus discípulos: “Está escrito que el Mesías morirá, pero después resucitará de entre los muertos, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes serán testigos de todo esto”. Luego los llevó a Betania, los bendijo y se separó de ellos, subiendo al Cielo” (Lucas 24:50).

Esta es la enseñanza básica del cristianismo, el acto de fe suprema: saber y creer que Jesús está con Dios Padre y el Espíritu Santo, sosteniendo la existencia de nuestro planeta y guiando la historia de la humanidad hacia la perfecta unión con la Divinidad. Esta esperanza es el mayor acto de fe del cristianismo, aunque su realidad absoluta está ofrecida a la humanidad entera.

No es fácil aceptar este elemento básico de nuestra fe, por varias razones. Es un llamado a la fe personal que difunde el cristianismo donde su enseñanza es escuchada y recibida. Esto depende ya de todos los seres humanos que tienen la posibilidad de escuchar la declaración del mensaje. Se supone que los cristianos forman la tercera parte de la humanidad. Pero es seguro que Dios tiene su forma propia de presentar esa enseñanza al resto de la humanidad.

¿Y los que declaran que no creen en Dios? ¿Podrán también llegar al Creador? En este tiempo, muchas personas dicen que no creen en la enseñanza de Jesús. Ante esa decisión personal hay que dejarlos tranquilos, para encontrar algún otro camino que vaya a lo que los cristianos llamamos “la salvación”. Si Dios es en verdad el Creador de nuestra humanidad y del universo entero, ya ha sabrá como actuar con los muchos seres humanos que dirigen sus vidas por otros caminos.

mayo 1, 2010

Relaciones difíciles – Domingo 5º de Pascua — 2 Mayo 2010 — Reflexión nº 933

Archivado en: Evangelio,Personal — Oscar Uzin @ 2:12 am

Las semanas anteriores presentaron las fuertes escenas de la Pasión de Jesús, que lo llevaron a su entrega total y muerte terrible en la Cruz. Los cuatro evangelios describieron el profundo y terrible sufrimiento del Señor ya al llegar a la Ciudad Santa de Jerusalén. Creemos que los discípulos buscaron una forma de salvarlo, sin duda, pero nada fue posible frente a Roma. La liturgia se entregó de recordar la terrible muerte de Jesús.

Pero ahora, cuando la muerte y resurrección de Jesús ya han aparecido en los evangelios dominicales, las iglesias presentan a los discípulos del Señor muerto y resucitado. La razón para este elemento bíblico un poco distinto fue el deseo de ayudar a las comunidades cristianas a recordar claramente lo que fue el sufrimiento del Salvador. Por lo tanto, algunos elementos bíblicos aparecen de nuevo en las lecturas dominicales. Como ahora.

“Cuando Judas salió del cenáculo Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo-de-Hombre, y Dios mismo ha sido glorificado en Él. Por eso Dios glorifica al Hijo, y lo hace pronto. Hijos míos: Ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Por eso les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros, como yo les he amado. En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en el amor que tienen unos por otros” (Juan 13:31-35).

La escena es excelente porque declara que el amor mutuo entre los seres humanos, ya sea entre varones y mujeres como también en grupos de individuos sólo de uno u otro sexo, se presenta el difícil camino de los cristianos hacia Dios. A primera vista, la declaración de Jesús es sencilla, fácil de realizar. Por eso hay gente que dice con frecuencia: “Yo amo a todos y no odio a nadie”. Pero, por supuesto, no es verdad. Porque lo que caracteriza a la comunidad humana parece ser realmente el odio.

Esta declaración sorprende de inmediato. Muchos dicen que aman “a todo el mundo”, o por lo menos a los miembros de sus familias y a sus amigos cercanos. Pero la realidad es distinta. De hecho, es contraria. El odio entre personas, dicen algunos psicólogos, es la mayor realidad que se puede observar en el mundo de hoy. No sólo entre personas que señalan muy claramente a sus “enemigos”, sino también entre parejas, y entre padres e hijos, y entre hermanos y parientes.

¿Seguirá creciendo así la humanidad? ¿Con odio en sus corazones? Así parece, precisamente en estos días de enojo entre naciones. Además, los fuertes movimientos de la Tierra que hemos conocido en estos meses parecen estar preparando mayores dificultades. ¿Qué deberíamos hacer?

octubre 23, 2009

La curación de un ciego 25 octubre 2009 — Reflexión nº 902

Archivado en: Evangelio,Fe cristiana — Oscar Uzin @ 3:37 pm

Las tres lecturas de este domingo 30º del tiempo ordinario tienen enseñanzas importantes. La primera es de Jeremías 31:7-9, que promete la salvación del Pueblo de Dios: “¡Hagan oír sus alabanzas al Señor que salvó a su pueblo, lo que quedaba de Israel! Los haré volver del norte, desde el último rincón del mundo. Vendrán ciegos y cojos; mujeres embarazadas y las que ya parieron. Serán una enorme multitud, y vendrán llorando y cantando. Yo los llevaré a las corrientes de agua por un camino llano, donde no tropezarán”.

Esas bellas promesas divinas son presentadas de nuevo mediante el famoso salmo 125: “Cuando Yahvé cambió la suerte de Sión nos parecía soñar. La boca se llenaba de risas y la lengua de cantares. Los pueblos decían que Dios ha hecho grandes cosas por nosotros, y todos estamos alegres. Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares. Al ir iban llorando, llevando la semilla. Al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas”.

La segunda lectura bíblica es más profundamente teológica, utilizando elementos del sagrado recinto del Pueblo de Dios en Jerusalén. “Como el Sumo Sacerdote es elegido entre el pueblo y puesto para intervenir en todo lo que se refiere al servicio de Dios, así está sujeto a debilidades humanas. Por eso puede tener compasión de ignorantes y extraviados, ofreciendo sacrificios por sus propios pecados y por los pecados del pueblo. Pero nadie puede tomar esa dignidad por sí mismo” (Hebreos 5:1-4).

La sección final de las lecturas viene de Marcos, el primer evangelio del cristianismo, que fue escrito en Roma en los años 64 al 68, tres décadas después de la muerte de Jesús. En la escena aparece el mendigo ciego Bartimeo en el pueblo de Jericó, y al saber que Jesús estaba allí, comienza a gritar continuamente: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”, sin hacer caso a la multitud que le reñía para que se callara (10:46-52).

Pero Jesús no hacía callar a los pobres, enfermos y pecadores que lo necesitaban.. Marcos compone la escena con gusto. Jesús llama al ciego y la gente le avisa: “Ánimo, levántate”. El hombre arroja su manto y corre donde oye que está Jesús, que pregunta: “¿Qué quieres que haga contigo?” El ciego le dice: “¡Rabunní! ¡Que yo vea!” Jesús le responde: “Ándate. Tu fe te ha salvado”. Marcos termina: “Al instante recobró la vista y comenzó a seguir a Jesús por el camino”.

Tal vez lo mejor de esta serie es la fe del hombre ciego. Sin ver a Jesús, tiene fe en él. Y esa tal vez es la enseñanza para todos nosotros. Nunca veremos a Jesús en esta tierra. “Ver” no tiene nada que ver con la fe verdadera. Jesús está presente en el mundo, pero invisible. Tenemos que aprender a hallarlo en el prójimo que nos rodea continuamente en la vida, respetándolo porque viene de Dios. Eso fue lo que hizo Jesús, hasta su muerte en la cruz.

octubre 4, 2009

Razones Cristianas Nº 899 — 4 octubre 200

Archivado en: Compromiso cristiano,Evangelio — Oscar Uzin @ 9:12 pm

Las lecturas de hoy comienzan con escenas del Génesis, primer libro de la Biblia , acerca de la acción divina para la humanidad creada por Dios (2:18-24). El Creador comenzó su labor con el varón, diciendo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a darle compañía”. Lo hace dormir para preparar la creación de la mujer. La idea de Dios Creador es totalmente positiva: que varones y mujeres sean felices entre sí.

Cuando el varón contempla después a la mujer se entusiasma: “Ésta sí que es de mi propia carne y mis propios huesos. Se llamará mujer, porque Dios la creó para el varón”. La escena termina diciendo: “Por eso el varón deja a su padre y a su madre para unirse con su mujer; y los dos llegan a ser como una sola persona”. El relato es positivo por poco tiempo: en la página siguiente del Génesis aparece el pecado..

Pero el salmo 127, en la siguiente escena, es positivo del matrimonio humano: “Del trabajo de tus manos comerás, tus proyectos serán bendecidos. Tu mujer, como vid fecunda, estará en medio de tu hogar. Tus hijos, como brotes de olivo, estarán sentados a tu mesa”.

La segunda lectura es tomada de la Carta a los Hebreos, posterior a Jesús, que muestra la grandeza de la humanidad. “Convenía que Dios perfeccionara, mediante el sufrimiento, a su Hijo Jesús, el Jefe que llevará a los otros hijos a la salvación. Porque el que santifica y los que son santificados tienen el mismo origen. Por eso Jesús no se avergüenza de llamar, a todos, hermanos y hermanas” (2:9-11).

El evangelio del domingo, tomado de Marcos 10:2-16, es extenso. Presenta tres escenas. La primera es una fuerte discusión entre Jesús y un grupo de fariseos. Son teólogos que quieren avergonzarlo con preguntas sobre el divorcio. Jesús les dice: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”. Le refutan: “Moisés permitió el divorcio”. Jesús insiste: “Moisés lo permitió por la dureza de sus corazones. Pero Dios quiere el respeto por la unión que hace de ellos una sola carne”.

Finalmente, unas mujeres llevaron sus niños a Jesús para recibir su bendición. Pero los discípulos quisieron impedir la escena deseada por las madres. Jesús, molesto, dijo a los discípulos: “Dejen que los niños vengan a mí, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como los niños. En verdad les digo que quien no reciba el Reino como un niño, no entrará a él”. Y abrazó a los niños y niñas y los bendijo.

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