Reflexión Dominical / Oscar Uzín, OP

mayo 29, 2010

La Santísima Trinidad – Domingo 30 Mayo 2010 — Reflexión nº 937

Archivado en: Evangelio,Fe cristiana — Oscar Uzin @ 1:06 pm

Terminadas las celebraciones de los meses anteriores mediante las fechas de la muerte y resurrección del Señor Jesús en los días pasados, todas las comunidades cristianas llegan a una de las festividades más importantes del año, que podría llamarse “la totalidad divina”, mediante la fiesta de la Santísima Trinidad. Es decir, la unión de Dios Padre con el Hijo y con el Espíritu Santo. Como muchos cristianos lo dicen: “Un solo Dios en Tres Personas”. Es la declaración del misterio principal del cristianismo.

¿De dónde proviene esa declaración? Al parecer, el proceso religioso fue relativamente lento, pero también muy sano. La primera declaración religiosa es monoteísta, es decir, de una sola realidad sagrada, lo que fue perfecto. La Biblia lo indica en su primera página, diciendo que, en el principio, la Divinidad Infinita “dio luz al cielo y a la tierra”. En la siguiente mención se usa el plural: “Hagamos al ser humano”, ya que es lo más sano y majestuoso de ese instante inicial de la creación universal.

El nombre “Santísima Trinidad” apareció con el cristianismo, pero la visión divina ofreció la adoración al Dios invisible desde el comienzo. Con ese Dios invisible fue presentado a toda la humanidad el Creador de una comunidad divina, que pronto fue realizada con los tres nombres “Padre”, “Hijo” y “Espíritu Santo”. Como dice el catecismo cristiano: “Un solo Dios en tres Personas”. Ellas actúan como una sola e infinita realidad.

El Padre es presentado como el “Creador” del mundo infinito, el Hijo como el “Salvador” de la humanidad, mediante la muerte y resurrección de Jesús-Cristo, y el Espíritu como el “Santificador” del universo entero. Las tres Personas son concebidas por la humanidad como tres realidades sagradas infinitas, que existen juntas porque son una sola realidad. Esta visión teológica es consciente de que Dios es incomprensible para todos.

El Padre y el Espíritu son divinos y absolutos como el Hijo, pero éste se presenta mucho más comprensible para los humanos, porque “asumió” la realidad humana en la persona de Jesús de Nazaret, según la versión del cristianismo. Y el cristianismo, aunque se presentó en la totalidad humana, no se elevó por encima del pasado y el futuro con toda su realidad.

Es importante que los cristianos vivan conscientes de que la divinidad absoluta de Dios no ha sido entregada por el Creador a la humanidad para que tal visión sea considerada como la “verdadera” realidad del universo. Los seres humanos deben saber que su conocimiento “divino” es real, pero no es total. Sólo el Dios Infinito conoce a Dios completamente. Y todos los seres humanos deben reconocer su total incapacidad para entenderlo todo.

mayo 15, 2010

Ascensión del Señor al Cielo — 14 mayo 2010 — Reflexión 935

Archivado en: Compromiso cristiano,Evangelio,Fe cristiana — Oscar Uzin @ 4:38 pm

Lucas 24,46:53

La iglesia católica se acerca del final de los elementos que aparecieron en los domingos anteriores, presentando el cumplimiento de la salvación de la humanidad por las acciones de Jesús en los últimos días de su vida en la Tierra , hace más de los dos mil años que nos separan de su vida en este planeta.

En las semanas anteriores la iglesia presentó diversos pasajes de la historia de Jesús en nuestro mundo, especialmente al acercarse al final de su presencia en la Tierra : su último viaje a Jerusalén, sus días finales con los discípulos en la Ciudad Santa de Jerusalén, especialmente la despedida del Señor en la noche de Pascua en el Cenáculo y los diversos elementos de su arresto, para luego entregar su vida en la Cruz. Fue lo que las iglesias llaman la “Pasión” del Señor.

La sagrada escritura indica que, en la última noche, Jesús dijo a sus discípulos: “Está escrito que el Mesías morirá, pero después resucitará de entre los muertos, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes serán testigos de todo esto”. Luego los llevó a Betania, los bendijo y se separó de ellos, subiendo al Cielo” (Lucas 24:50).

Esta es la enseñanza básica del cristianismo, el acto de fe suprema: saber y creer que Jesús está con Dios Padre y el Espíritu Santo, sosteniendo la existencia de nuestro planeta y guiando la historia de la humanidad hacia la perfecta unión con la Divinidad. Esta esperanza es el mayor acto de fe del cristianismo, aunque su realidad absoluta está ofrecida a la humanidad entera.

No es fácil aceptar este elemento básico de nuestra fe, por varias razones. Es un llamado a la fe personal que difunde el cristianismo donde su enseñanza es escuchada y recibida. Esto depende ya de todos los seres humanos que tienen la posibilidad de escuchar la declaración del mensaje. Se supone que los cristianos forman la tercera parte de la humanidad. Pero es seguro que Dios tiene su forma propia de presentar esa enseñanza al resto de la humanidad.

¿Y los que declaran que no creen en Dios? ¿Podrán también llegar al Creador? En este tiempo, muchas personas dicen que no creen en la enseñanza de Jesús. Ante esa decisión personal hay que dejarlos tranquilos, para encontrar algún otro camino que vaya a lo que los cristianos llamamos “la salvación”. Si Dios es en verdad el Creador de nuestra humanidad y del universo entero, ya ha sabrá como actuar con los muchos seres humanos que dirigen sus vidas por otros caminos.

mayo 6, 2010

Reflexión acerca de la muerte – 9 Mayo 2010 — Reflexión nº 934

Archivado en: Fe cristiana,Personal — Oscar Uzin @ 9:02 pm

El ser humano se considera a sí mismo como el ser viviente más inteligente del planeta. La Tierra en que vive tiene elementos que parecen darle la razón. En primer lugar, el ser humano tiene la capacidad de pensar por sí mismo y hacer lo que quiere y cuando y como quiere. Se ve como el principal de los innumerables seres vivientes de la Tierra. Tiene también la capacidad de recordar los conocimientos acumulados acerca de sí mismo y del planeta en que vive. Por todo esto, la raza humana es orgullosa de sí misma, y está convencida de ser lo mejor de lo mejor. ¿Es así?

Así parecería. Pero, al mismo tiempo, la raza humana, que puede utilizar bien su capacidad de conocerse a si misma, ve los elementos negativos de su existencia. Y el primero es la muerte, absolutamente segura para cada uno de los seres vivientes de la Tierra , tanto humanos y animales, como incluso las plantas. Nuestra raza ha logrado mejorar su existencia, pero sabe muy bien que todos tienen el tiempo contado. Absolutamente, la muerte es segura para todos los seres vivientes de este planeta.

Cuando una persona ve su vida y su futuro claramente, y sabe que morirá tarde o temprano, puede sentirse atrapada por la naturaleza común, o tal vez por una fuerza malvada. Pero esos son sufrimientos innecesarios. Lo lógico es que el ser humano conozca su seguridad de morir y la acepte con sencillez. Es absurdo odiar a la muerte, que es lo único que conocemos con absoluta seguridad de su existencia. El ser humano bien formado y dueño de sí mismo debería prepararse, a lo largo de su vida, para morir con dignidad. Tal vez sea algo difícil. Pero no lo sabremos sino al final.

Las diversas religiones humanas tienen sus formas propias de ver a la muerte. En Bolivia, nuestra patria, hay un respeto especial por esa realidad, como lo vemos en el día de Todos los Santos, cuando en cierto modo se pierde el terror a la muerte y se piensa en los difuntos fraternalmente. Además reconocemos que el poder de la muerte es invencible, y que, frente a esa realidad absoluta, es mejor aceptarla en silencio.

Pero hay que recordar que ningún ser humano conoce la realidad de la muerte hasta que le llegue la hora de morir. Por supuesto se dice mucho de ella, pero en realidad no tenemos un conocimiento exacto. La humanidad la declara en silencio, lo que es la manera de despedirse de un ser amado. Pero los cristianos tratan de encontrar su consuelo en la muerte de Jesús. Es posible que eso sea bueno para vencer el miedo. Jesús dijo a Dios: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu”. Eso fue lo único necesario.

noviembre 19, 2009

Rey del Universo– 22 noviembre 2009 — Reflexión 909

Archivado en: Compromiso cristiano,Fe cristiana,Uncategorized — Oscar Uzin @ 2:29 pm

Oscar Uzín OP

El título de esta celebración final del año 2009 es bien conocido en la serie anual que honra a Jesús de Nazaret. Desde los primeros años posteriores a su vida, cristianos y cristianas honraron al Hijo de Dios que murió clavado en una cruz en Jerusalén. Fue por esa muerte que los apóstoles y las mujeres que lo habían seguido dedicaron sus vidas al Resucitado, para realizar con Él la salvación de la humanidad.

Más de veinte siglos han transcurrido desde entonces en la historia humana y ahora, para una buena porción del mundo, Jesús es el varón más importante del planeta. Para nosotros los creyentes, es el Señor que nos une con la Divinidad que llamamos “Padre” y honramos como Creador del Universo. Además, Jesús es recibido por muchos seres humanos como el líder que guía para conocer y obedecer a Dios.

El cristianismo, en los dos milenios de su existencia, ha logrado poner la imagen de Jesús a lo largo y ancho del planeta Tierra. Actualmente se calcula que un tercio de la humanidad venera al Hijo de la Virgen María. Es imposible comprobar esa cantidad con exactitud. Pero es posible que otra religión, el Judaísmo, sea semejante al Cristianismo en cantidad. De todos modos, hay mucha semejanza entre las dos religiones, que son como dos cultos gemelos al mismo Dios Creador.

La realidad de esa semejanza, sin embargo, debería ser trabajada profundamente por las dos religiones. Todavía no se ha logrado la deseable unión de ellas en la historia humana. Aunque ellas se respetan mutuamente, son todavía dos realidades separadas, como hermanas que se reconocen y se saludan, pero todavía no se aman.

Frente a ellas está la tercera religión contemporánea, nacida después del Judaísmo y el Cristianismo. Ella es el sagrado Islam. Ninguna de las tres religiones odia a las otras, pero en la actualidad presente ellas todavía no se aman. Parece que pueden tolerarse mutuamente, pero quizá se trata tan solo de un deseo de conocimiento entre las tres.

De todos modos, no hay que perder la esperanza. Hay un solo Dios, y esa realidad infinita está presente en cada acción destinada a buscar la fraternidad entre todos los seres humanos. Hay tres fuentes para la búsqueda sagrada del Creador, para quien la inmensidad del universo es su trono. Hay que seguir buscando la grandeza del universo, del que los seres humanos, todos nosotros, vivimos un solo instante.

octubre 23, 2009

La curación de un ciego 25 octubre 2009 — Reflexión nº 902

Archivado en: Evangelio,Fe cristiana — Oscar Uzin @ 3:37 pm

Las tres lecturas de este domingo 30º del tiempo ordinario tienen enseñanzas importantes. La primera es de Jeremías 31:7-9, que promete la salvación del Pueblo de Dios: “¡Hagan oír sus alabanzas al Señor que salvó a su pueblo, lo que quedaba de Israel! Los haré volver del norte, desde el último rincón del mundo. Vendrán ciegos y cojos; mujeres embarazadas y las que ya parieron. Serán una enorme multitud, y vendrán llorando y cantando. Yo los llevaré a las corrientes de agua por un camino llano, donde no tropezarán”.

Esas bellas promesas divinas son presentadas de nuevo mediante el famoso salmo 125: “Cuando Yahvé cambió la suerte de Sión nos parecía soñar. La boca se llenaba de risas y la lengua de cantares. Los pueblos decían que Dios ha hecho grandes cosas por nosotros, y todos estamos alegres. Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares. Al ir iban llorando, llevando la semilla. Al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas”.

La segunda lectura bíblica es más profundamente teológica, utilizando elementos del sagrado recinto del Pueblo de Dios en Jerusalén. “Como el Sumo Sacerdote es elegido entre el pueblo y puesto para intervenir en todo lo que se refiere al servicio de Dios, así está sujeto a debilidades humanas. Por eso puede tener compasión de ignorantes y extraviados, ofreciendo sacrificios por sus propios pecados y por los pecados del pueblo. Pero nadie puede tomar esa dignidad por sí mismo” (Hebreos 5:1-4).

La sección final de las lecturas viene de Marcos, el primer evangelio del cristianismo, que fue escrito en Roma en los años 64 al 68, tres décadas después de la muerte de Jesús. En la escena aparece el mendigo ciego Bartimeo en el pueblo de Jericó, y al saber que Jesús estaba allí, comienza a gritar continuamente: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”, sin hacer caso a la multitud que le reñía para que se callara (10:46-52).

Pero Jesús no hacía callar a los pobres, enfermos y pecadores que lo necesitaban.. Marcos compone la escena con gusto. Jesús llama al ciego y la gente le avisa: “Ánimo, levántate”. El hombre arroja su manto y corre donde oye que está Jesús, que pregunta: “¿Qué quieres que haga contigo?” El ciego le dice: “¡Rabunní! ¡Que yo vea!” Jesús le responde: “Ándate. Tu fe te ha salvado”. Marcos termina: “Al instante recobró la vista y comenzó a seguir a Jesús por el camino”.

Tal vez lo mejor de esta serie es la fe del hombre ciego. Sin ver a Jesús, tiene fe en él. Y esa tal vez es la enseñanza para todos nosotros. Nunca veremos a Jesús en esta tierra. “Ver” no tiene nada que ver con la fe verdadera. Jesús está presente en el mundo, pero invisible. Tenemos que aprender a hallarlo en el prójimo que nos rodea continuamente en la vida, respetándolo porque viene de Dios. Eso fue lo que hizo Jesús, hasta su muerte en la cruz.

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