Reflexión Dominical / Oscar Uzín, OP

mayo 6, 2010

Reflexión acerca de la muerte – 9 Mayo 2010 — Reflexión nº 934

Archivado en: Fe cristiana,Personal — Oscar Uzin @ 9:02 pm

El ser humano se considera a sí mismo como el ser viviente más inteligente del planeta. La Tierra en que vive tiene elementos que parecen darle la razón. En primer lugar, el ser humano tiene la capacidad de pensar por sí mismo y hacer lo que quiere y cuando y como quiere. Se ve como el principal de los innumerables seres vivientes de la Tierra. Tiene también la capacidad de recordar los conocimientos acumulados acerca de sí mismo y del planeta en que vive. Por todo esto, la raza humana es orgullosa de sí misma, y está convencida de ser lo mejor de lo mejor. ¿Es así?

Así parecería. Pero, al mismo tiempo, la raza humana, que puede utilizar bien su capacidad de conocerse a si misma, ve los elementos negativos de su existencia. Y el primero es la muerte, absolutamente segura para cada uno de los seres vivientes de la Tierra , tanto humanos y animales, como incluso las plantas. Nuestra raza ha logrado mejorar su existencia, pero sabe muy bien que todos tienen el tiempo contado. Absolutamente, la muerte es segura para todos los seres vivientes de este planeta.

Cuando una persona ve su vida y su futuro claramente, y sabe que morirá tarde o temprano, puede sentirse atrapada por la naturaleza común, o tal vez por una fuerza malvada. Pero esos son sufrimientos innecesarios. Lo lógico es que el ser humano conozca su seguridad de morir y la acepte con sencillez. Es absurdo odiar a la muerte, que es lo único que conocemos con absoluta seguridad de su existencia. El ser humano bien formado y dueño de sí mismo debería prepararse, a lo largo de su vida, para morir con dignidad. Tal vez sea algo difícil. Pero no lo sabremos sino al final.

Las diversas religiones humanas tienen sus formas propias de ver a la muerte. En Bolivia, nuestra patria, hay un respeto especial por esa realidad, como lo vemos en el día de Todos los Santos, cuando en cierto modo se pierde el terror a la muerte y se piensa en los difuntos fraternalmente. Además reconocemos que el poder de la muerte es invencible, y que, frente a esa realidad absoluta, es mejor aceptarla en silencio.

Pero hay que recordar que ningún ser humano conoce la realidad de la muerte hasta que le llegue la hora de morir. Por supuesto se dice mucho de ella, pero en realidad no tenemos un conocimiento exacto. La humanidad la declara en silencio, lo que es la manera de despedirse de un ser amado. Pero los cristianos tratan de encontrar su consuelo en la muerte de Jesús. Es posible que eso sea bueno para vencer el miedo. Jesús dijo a Dios: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu”. Eso fue lo único necesario.

mayo 1, 2010

Relaciones difíciles – Domingo 5º de Pascua — 2 Mayo 2010 — Reflexión nº 933

Archivado en: Evangelio,Personal — Oscar Uzin @ 2:12 am

Las semanas anteriores presentaron las fuertes escenas de la Pasión de Jesús, que lo llevaron a su entrega total y muerte terrible en la Cruz. Los cuatro evangelios describieron el profundo y terrible sufrimiento del Señor ya al llegar a la Ciudad Santa de Jerusalén. Creemos que los discípulos buscaron una forma de salvarlo, sin duda, pero nada fue posible frente a Roma. La liturgia se entregó de recordar la terrible muerte de Jesús.

Pero ahora, cuando la muerte y resurrección de Jesús ya han aparecido en los evangelios dominicales, las iglesias presentan a los discípulos del Señor muerto y resucitado. La razón para este elemento bíblico un poco distinto fue el deseo de ayudar a las comunidades cristianas a recordar claramente lo que fue el sufrimiento del Salvador. Por lo tanto, algunos elementos bíblicos aparecen de nuevo en las lecturas dominicales. Como ahora.

“Cuando Judas salió del cenáculo Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo-de-Hombre, y Dios mismo ha sido glorificado en Él. Por eso Dios glorifica al Hijo, y lo hace pronto. Hijos míos: Ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Por eso les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros, como yo les he amado. En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en el amor que tienen unos por otros” (Juan 13:31-35).

La escena es excelente porque declara que el amor mutuo entre los seres humanos, ya sea entre varones y mujeres como también en grupos de individuos sólo de uno u otro sexo, se presenta el difícil camino de los cristianos hacia Dios. A primera vista, la declaración de Jesús es sencilla, fácil de realizar. Por eso hay gente que dice con frecuencia: “Yo amo a todos y no odio a nadie”. Pero, por supuesto, no es verdad. Porque lo que caracteriza a la comunidad humana parece ser realmente el odio.

Esta declaración sorprende de inmediato. Muchos dicen que aman “a todo el mundo”, o por lo menos a los miembros de sus familias y a sus amigos cercanos. Pero la realidad es distinta. De hecho, es contraria. El odio entre personas, dicen algunos psicólogos, es la mayor realidad que se puede observar en el mundo de hoy. No sólo entre personas que señalan muy claramente a sus “enemigos”, sino también entre parejas, y entre padres e hijos, y entre hermanos y parientes.

¿Seguirá creciendo así la humanidad? ¿Con odio en sus corazones? Así parece, precisamente en estos días de enojo entre naciones. Además, los fuertes movimientos de la Tierra que hemos conocido en estos meses parecen estar preparando mayores dificultades. ¿Qué deberíamos hacer?

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